lunes, 18 de mayo de 2009

AROMATERAPIA

Rosa, lavanda y mirra, entre muchas otras plantas, son utilizadas para la sanación del cuerpo, la mente y el alma. Pero no todo lo que se vende en el mercado como aromaterapia tiene este efecto sanador. ¿Cuándo es realmente aromaterapia?

 

Cientos de rosas caben en una botella diminuta. Sólo para obtener una gota de aceite esencial, se utilizan los pétalos de alrededor de 35 de estas flores. Tampoco se trata de cualquier tipo de flor: la lavanda que se utiliza de manera terapéutica no es la que venden en las florerías, sino un tipo de lavanda salvaje que crece en las altas cumbres francesas.

Raíces, tallos, cortezas de árbol e, incluso, algunas frutas son utilizadas en la aromaterapia que, según Gilda Acevedo, aromaterapeuta, "es el tratamiento terapéutico que utiliza aceites esenciales provenientes de plantas aromáticas, para producir un bienestar físico, psíquico y emocional".

No se trata de nada nuevo. Pinturas rupestres en las cavernas de Lascaux, en la Dordoña, muestran el uso medicinal de las plantas hace nada menos que 20.000 años. Posteriormente, nos encontramos con que, en el año 4.500 a.C. los egipcios usaban bálsamos, aceites perfumados, resinas, especies y vinagres aromáticos. Siguiendo la línea del tiempo, en el año 300 a.C., incluso los griegos recurrieron a las propiedades de las plantas en la curación de enfermedades.

La historia sigue hasta hoy. Nuevamente las plantas, con sus propiedades curativas, aparecen como una buena alternativa de medicina complementaria. En países como Francia o Inglaterra, la utilización de aceites esenciales es común en clínicas y hospitales. En Chile, se trata de una práctica relativamente nueva, pero cada vez más usada en el tratamiento de enfermedades, que van desde el simple resfrío hasta la depresión.

Como explica Edi Carlisle, aromaterapeuta estadounidense, que reside en Chile desde hace cuatro años, "el tratamiento de aromaterapia consiste en el uso de aceites esenciales que se extraen con métodos como la destilación o el prensado en frío".

Para lograr alcanzar un efecto terapéutico, es necesario trabajar con aceites esenciales ciento por ciento naturales y puros. Una vez comprobada la calidad de la esencia, los aromaterapeutas aplican el tratamiento a través de tres vías.

La primera de ellas es mediante el olfato. Para Sylvia Galleguillos, aromaterapeuta con formación en Inglaterra, "los mensajes llegan a través del olfato al cerebro límbico, el que a su vez envía un mensaje al sistema nervioso o al sistema de glándulas ".

El tacto es otra de las formas utilizadas. Con masajes, las finas partículas de los aceites esenciales penetran en la piel, traspasando las diferentes capas, para mezclarse finalmente con el torrente sanguíneo, lugar en el que las propiedades de las flores entregan sus bondades.

Los difusores, que esparcen el aroma por el ambiente, son también muy utilizados para este tipo de tratamientos. Como explica Sylvia Galleguillos, "esta molécula del aceite esencial, al pasar por cualquier proceso de calor, se eleva rápidamente y llega a los cilios olfativos", lugar desde el cual se envía el mensaje sanador a las distintas partes del cuerpo que lo requieran.

Para Edi Carlisle, se trata de un tratamiento que actúa no sólo a nivel físico. "La aromaterapia cabe dentro de la categoría de la medicina vibracional, porque lo que produce el efecto terapéutico no son solamente los químicos, sino también la vibración. Si se utilizan los aceites esenciales para tratar un problema de tipo emocional, lo que se hace es reestablecer el nivel vibracional correcto de los campos áuricos o energéticos del cuerpo. Este nivel vibracional es algo que viene de la naturaleza, del universo".

No todo es Aromaterapia

La palabra aromaterapia aparece cada vez con mayor frecuencia; y del mismo modo, los estantes de los lugares de comercialización, que van desde quioscos hasta supermercados, se llenan de pequeños frascos con aceites florales, jabones e incluso velas que se venden bajo el rótulo de aromaterapia. Pero la fragancia no es sinónimo de curación y, por lo mismo, un aceite esencial químico, que puede oler igual y ser considerablemente más barato, no tendrá un efecto sanador.

Las diferencias de precio frente a un mismo producto son notables. Mientras un minúsculo frasco de un miligramo de quintaesencia de rosa puede costar aproximadamente quince mil pesos, un frasco considerablemente mayor (30ml.), supuestamente de la misma sustancia, se encuentra en el mercado por tres mil pesos.

La fragancia es la misma, pero el problema es que, mientras para el primero se necesitaron cientos de flores, para el segundo se necesitó nada más que un buen laboratorio. Y es que el aroma puede ser reproducido sin que se utilice ni un pétalo de la flor.

El jazmín, por ejemplo, tiene un componente aromático activo -el jazmón-, fácilmente sintetizable en un laboratorio. El resultado es un producto que tiene el mismo aroma que el jazmín auténtico, pero ninguna de sus propiedades curativas.

 

Para Sylvia Galleguillos, "es tal la importancia de la pureza química de estos aceites, que los aromaterapeutas ponemos especial cuidado en velar porque provengan de cultivos orgánicos o de vegetación silvestre no contaminada, así como de productores y distribuidores reconocidos y de intachable reputación".

Los aceites esenciales vienen de distintas partes del mundo. La lavanda, por ejemplo, viene de Francia, mientras que el pachulí, el jengibre y el sándalo vienen de la India. En Bulgaria, se encuentran los mejores cultivos de rosas; en cambio, la manzanilla se puede obtener en Chile o importar desde Marruecos. Se trata de que el lugar de origen presente las condiciones óptimas para el desarrollo de cada tipo de planta, para lograr de esta manera el mejor efecto terapéutico. Actualmente, en Chile, se trabaja también en la destilación de aceites esenciales provenientes de plantas nativas.

Un dato práctico para saber cuándo se está hablando de aceites esenciales puros es fijarse en que los precios, a pesar de ser de la misma marca y volumen, sean distintos. Un aceite de pino, por ejemplo, no cuesta lo mismo que un aceite de bergamota o de limón. Dependiendo de la exclusividad del producto y del lugar de procedencia, obviamente los precios varían.

Por otra parte, como señala Edi Carlisle, "es importante que en el frasco se indique el nombre de la planta, pero además su nombre científico, el lugar de procedencia y el distribuidor responsable del aceite esencial".

Al optar por este tipo de terapia, parece fundamental tomar en cuenta la calidad y la pureza de los productos. Como indica Gilda Acevedo, al recurrir a la aromaterapia, "es necesario saber y confiar en que el que está vendiendo un aceite esencial puro es reconocido por una organización y es avalado, certificado y respaldado, tanto a nivel científico como terapéutico".

Pero la labor del aromaterapeuta no consiste sólo en reconocer la pureza de los productos, sino también en hacer un diagnóstico adecuado para cada paciente. Como señala Edi Carlisle, "hay aceites que no pueden ser utilizados en mujeres embarazadas, porque podrían tener un efecto abortivo. Hay otros que son fototóxicos y que pueden producir manchas en la piel al contacto con el sol". Para no cometer errores al optar por un tratamiento aromaterapéutico lo mejor es ser asesorado por un especialista.

Como dicen por ahí, "para mi tristeza, violeta azul", pero no hay que olvidar que debe tratarse de violetas o de cualquier otro tipo de flor, planta o raíz verdadera y pura. Los pequeños frascos en los que se encierran miles de hojas de pino, o cientos de pétalos de jazmines, pueden entregar además de una experiencia agradable a nivel olfativo, un efecto sanador. Lo importante es que no se trate de una copia.

El aroma puede encantar al olfato, pero, como señalan los aromaterapeutas, las propiedades que pueden ayudar a la salud y al bienestar están en la esencia de la planta.

Quizás este encuentro con las propiedades de la naturaleza sea un saludable encuentro, no sólo para el cuerpo y la mente, sino también para el alma.

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